Perdí un mentor [+]

Profesor Cheo:
Tengo la mala costumbre de sentarme a jugar en mi computador y abstraerme del universo que me rodea. Juego jugando. Juego leyendo. Juego pensando.

Hace unos ocho años, descubrí que podía jugar escribiendo. Pensando en que escribir y que no. En cómo escribirlo. Sabía que un perro que tenía como profesor me llamaría bruto por decir algo mal. Por escribir algo erróneamente. Sabía que él no era tolerante. Sabía que no vacilaría en descargar su descontento por no ser lo suficientemente bueno. Había que ser “cero errores”.

Hace ocho años aprendí a conocer muchas cosas. A leer entre líneas. A leerme entre líneas.

En aquellos días, los Ingenieros Mecánicos teníamos fama de ser unos ineptos poco capaces de escribir algo decente. Conocí a Karlita, a Ivo, al “Diablo” a Marinés y otros tantos que como yo, recién entrábamos al mundo universitario de la mano de un profesor que nos insultaba. ¡Qué Injusto!

Profesor Cheo. Recuerdo Araya, tierra de sal y la hoja en blanco de Roberto. Recuerdo el día que no entré a su clase y leyó uno de mis escritos. Recuerdo imaginar cuando se arrinconaba en la esquina del salón al leer mis palabras mientras los muchachos se reían de mí y de Ud. al contármelo. Recuerdo cuando fuí a la presentación de su libro, el que Erick nombró entre risas hace unos días.

Profesor Cheo. ¿Recuerda Ud. la historia de mi víctima? esa que tuve entre mis manos. Recuerda la sombra que me veía? El alma humana que recorría los caminos. ¿Recuerda Ud. el cuento de Ivo, el que tenía nombre de beisbolista de la muchacha en el autobús? ¿Recuerda los cuentos de Karlita y Marinés?

Profesor Cheo. Recuerdo cuando dijo que la tolerancia era una enfermedad. Recuerdo que me inspiró a no ser mediocre.

Profesor Cheo.¿ Recuerda al Doctor Félix, ese que no es Doctor, pero que Ud. conoció en el pasillo del rectorado, ese Profesor en silla de ruedas con profunda emoción porque su libro iba a ser editado? Ese profesor, que es mi padre. ¿Recuerda Profesor cuando nos sentamos a corregir el manuscrito? ¿Sabía Ud. Profesor, que luego de ocho años no pude sentirme más orgulloso de saberme trabajando al lado de quien me había enseñado a leer y a escribir?

Profesor Cheo. Recuerdo cuando el día de la presentación del libro me mencionó como su alumno. Padre e hijo ahora le debemos mucho. Recuerdo cuando me dijo que se sentía orgulloso por la buena corrección del libro que hice por teléfono. ¿La recuerda profesor? Mientras Ud. me decía que me esperara y yo de la emoción seguía leyendo cada error que se me aparecía, sabiendo que hacía lo mejor por su enseñanza y por mi padre.

Mi mala costumbre se vio interrumpida cuando mi hermana me ha llegado con la noticia que Ud. ya no estará con nosotros en estos tumbos por la vida. Que confundido me he sentido profesor. Ha dejado un vacío inmenso en mí. Espero no engrosar la lista de aquellos que por ignorantes y tolerantes no saben ni leer ni escribir. Espero ser mejor. Seguir la batalla.

Profesor Cheo. Espero entienda y disculpe que mi padre no sepa que Ud. se ha ido. Temo que la noticia le caiga mal dado su estado de salud. Disculpe que no fuera a despedirlo. Soy malo para despedirme y por ello hoy le saludo.

Profesor Cheo. Sé que está con mi Santa.

[ . . . ]
Profesor Cheo y La Chicha. Mis respetos. Mi admiración.

2 Responses to “Perdí un mentor [+]”

  1. myself Says:

    Saludos!

    Como bien me fuera inculcado en sus enseñanzas, he encontrado un error digno de corregir. Profesor, recordando los momentos que viví junto con otras tantas almas, debo decir que el del nombre de beisbolista no es Ivo, es nada más y nada menos que el mismísimo Jhon P. Sé que no le molesta que remarquemos el papel para corregir. El cuento de la joven en el autobús, si era de Ivo. Jaja, el cuentazo de Ivo…

    Profesor Cheo, no olvido los lunes a las 7am, esos lunes perros en los que a muchos se les revolvía el estómago. Se sentía el estrés en el ambiente. No olvido los textos de Karlita, escritos a máquina de escribir. Ni cuando dijo que sabía quien escribía sólo con ver como lucía la hoja.

    Hoy entiendo que durante mucho tiempo me fue difícil llenar una hoja. Pero realmente es mucho más fácil llenarla que dejarla vacía…

  2. myself Says:

    Saludos!

    Estos cuatro últimos días, han sido algo menos que interesantes. Descubrí, luego de sacar muchas cuentas, que luego de 8 años casi que exactos, la vida que me enseñara a un \”profesor perro\” sería la que me enseñara que ese profesor ya no estaría para luchar contra lo errado.

    Pues sí, lo que comenzó en el mes de mayo de 1998, terminó súbitamente un mes de mayo de 2006. Quien lo diría. 8 años exactos. Estos recuerdos llegan a mi mente profesor, puesto que ayer he ido a uno de los últimos lugares donde compartí con Ud. Sé que lo recuerda. Lo narró en sus palabras de presentación del libro de mi padre, el Dr. Félix.

    Me encontraba en el Rectorado de la Universidad del Zulia en medio de una reunión con eminencias intelectuales. Yo, un pequeño hombre en medio de grandes titanes de la palabra. Aún así, el vacío fue dantesco. Me he sentado a un puesto de donde compartimos la revisión del libro.

    Le he recordado sentado. A mí observando sus palabras. Su dedo recorriendo la página en un estresado apuro por encontrar lo que tanto nos desagrada. Nos quedaba poco tiempo. Menos de una hora para envíar el documento a Mérida.

    Profesor Cheo, debo admitir que en un principio no quería ir a la reunión. Me siento culpable. Me siento pequeño. Temía encontrarme con mis recuerdos en medio de aquellas personas. Ha sido algo contradictorio al llegar a la reunión.

    Dicen que el \”hubiera\” no existe. Así que no me molesto en cambiarlo. Pero Profesor Cheo, hubiese preferido poder escucharle en ese mísmo lugar donde una vez nos sentamos, de tú a tú a devorar 120 páginas de texto.

    A un mes de mi saludo, ese que muchos llaman despedida, recuerdos muy sonoros retumban en mi mente.

    Mis respetos Profesor.
    Que Dios le bendiga.

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